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A Cristo por María

Oraciones a la Virgen María

La oración mariana nos ayuda a acercarnos a Jesucristo de la mano de su Madre. En esta sección encontrarás algunas oraciones tradicionales para rezar personalmente, en comunidad o ante una imagen de la Santísima Virgen.

Ave María
Oración tradicional

Dios te salve, María, llena eres de gracia; el Señor es contigo. Bendita tú eres entre todas las mujeres, y bendito es el fruto de tu vientre, Jesús.

Santa María, Madre de Dios, ruega por nosotros, pecadores, ahora y en la hora de nuestra muerte. Amén.

Salve Regina
A la Madre de misericordia

Dios te salve, Reina y Madre de misericordia, vida, dulzura y esperanza nuestra. Dios te salve.

A ti llamamos los desterrados hijos de Eva; a ti suspiramos, gimiendo y llorando, en este valle de lágrimas.

Ea, pues, Señora, abogada nuestra, vuelve a nosotros esos tus ojos misericordiosos; y después de este destierro, muéstranos a Jesús, fruto bendito de tu vientre.

¡Oh clemente, oh piadosa, oh dulce Virgen María!

Ruega por nosotros, Santa Madre de Dios, para que seamos dignos de alcanzar las promesas de nuestro Señor Jesucristo. Amén.

Bajo tu amparo
Antigua oración mariana

Bajo tu amparo nos acogemos, Santa Madre de Dios; no desprecies las súplicas que te dirigimos en nuestras necesidades; antes bien, líbranos de todo peligro, oh Virgen gloriosa y bendita. Amén.

Bendita sea tu pureza
Devoción popular

Bendita sea tu pureza y eternamente lo sea, pues todo un Dios se recrea en tan graciosa belleza.

A ti, celestial Princesa, Virgen Sagrada María, yo te ofrezco en este día alma, vida y corazón.

Mírame con compasión, no me dejes, Madre mía. Amén.

Oh Señora mía
Consagración personal

Oh Señora mía, oh Madre mía, yo me ofrezco enteramente a ti.

Y en prueba de mi filial afecto, te consagro en este día mis ojos, mis oídos, mi lengua, mi corazón; en una palabra, todo mi ser.

Ya que soy todo tuyo, oh Madre de bondad, guárdame y defiéndeme como cosa y posesión tuya. Amén.

Acordaos
San Bernardo

Acordaos, oh piadosísima Virgen María, que jamás se ha oído decir que ninguno de los que han acudido a vuestra protección, implorado vuestra asistencia y reclamado vuestro socorro, haya sido abandonado de Vos.

Animado con esta confianza, a Vos acudo, oh Madre, Virgen de las vírgenes; y, aunque gimiendo bajo el peso de mis pecados, me atrevo a comparecer ante vuestra presencia soberana.

No desechéis mis humildes súplicas, oh Madre del Verbo encarnado; antes bien, escuchadlas y acogedlas benignamente. Amén.

Ángelus
Para rezar mañana, mediodía o tarde

V. El ángel del Señor anunció a María.

R. Y concibió por obra y gracia del Espíritu Santo.

Dios te salve, María...

V. He aquí la esclava del Señor.

R. Hágase en mí según tu palabra.

Dios te salve, María...

V. Y el Verbo se hizo carne.

R. Y habitó entre nosotros.

Dios te salve, María...

Ruega por nosotros, Santa Madre de Dios, para que seamos dignos de alcanzar las promesas de nuestro Señor Jesucristo.

Infunde, Señor, tu gracia en nuestros corazones, para que quienes hemos conocido, por el anuncio del ángel, la encarnación de tu Hijo, lleguemos, por su pasión y su cruz, a la gloria de la resurrección. Por Jesucristo nuestro Señor. Amén.

Regina Caeli
Tiempo pascual

Reina del cielo, alégrate, aleluya, porque el Señor, a quien has merecido llevar, aleluya, ha resucitado según su palabra, aleluya.

Ruega al Señor por nosotros, aleluya.

Gózate y alégrate, Virgen María, aleluya, porque verdaderamente ha resucitado el Señor, aleluya.

Oh Dios, que por la resurrección de tu Hijo, nuestro Señor Jesucristo, has llenado el mundo de alegría, concédenos, por intercesión de su Madre, la Virgen María, llegar a los gozos eternos. Por Jesucristo nuestro Señor. Amén.

Vida de congregante

Oraciones propias de la Congregación Mariana

Estas oraciones pueden acompañar encuentros, reuniones, actos comunitarios, ejercicios espirituales y momentos de oración personal de los miembros de la congregación.

Sabatina a la Virgen María
Oración mariana del sábado
Esta sabatina puede adaptarse al título propio de vuestra congregación: Inmaculada, Virgen del Carmen, Virgen de los Dolores, Virgen del Rosario, Nuestra Señora de la parroquia, etc.

Santa Madre de Dios, el sábado ha sido siempre día dedicado a tu memoria y a tu amor maternal.

Hoy venimos ante ti como hijos tuyos, para bendecirte, darte gracias y renovar nuestra confianza en tu intercesión.

Tú, que guardabas todas las cosas en tu corazón, enséñanos a escuchar la Palabra de Dios, a vivir con humildad y a seguir fielmente a Jesucristo.

Madre nuestra, acompaña a esta congregación, fortalece nuestra fe, conserva nuestra unidad y haz que todos nuestros trabajos sean para mayor gloria de Dios.

Ruega por nosotros, Santa Madre de Dios, para que seamos dignos de alcanzar las promesas de nuestro Señor Jesucristo. Amén.

Alma de Cristo
Oración de san Ignacio

Alma de Cristo, santifícame.

Cuerpo de Cristo, sálvame.

Sangre de Cristo, embriágame.

Agua del costado de Cristo, lávame.

Pasión de Cristo, confórtame.

¡Oh, buen Jesús!, óyeme.

Dentro de tus llagas, escóndeme.

No permitas que me aparte de Ti.

Del maligno enemigo, defiéndeme.

En la hora de mi muerte, llámame.

Y mándame ir a Ti.

Para que con tus santos te alabe.

Por los siglos de los siglos. Amén.

Ofrecimiento de obras
Ofrecimiento diario

Ven, Espíritu Santo, inflama nuestros corazones en las ansias redentoras del Corazón de Cristo, para que ofrezcamos de veras nuestras personas y obras, en unión con Él, por la redención del mundo.

Señor mío y Dios mío Jesucristo, por el Corazón Inmaculado de María, me consagro a tu Corazón y me ofrezco contigo al Padre en tu santo sacrificio del altar.

Con mi oración y mi trabajo, mis alegrías y sufrimientos de hoy, te pido por la Iglesia, por el Papa, por las necesidades del mundo y por las intenciones de nuestra congregación.

Que todo cuanto haga en este día sea para mayor gloria de Dios y bien de las almas. Amén.

Comunión espiritual
San Alfonso María de Ligorio

Creo, Jesús mío, que estás real y verdaderamente en el cielo y en el Santísimo Sacramento del Altar.

Te amo sobre todas las cosas y deseo vivamente recibirte dentro de mi alma.

Pero no pudiendo hacerlo ahora sacramentalmente, ven al menos espiritualmente a mi corazón.

Y como si ya te hubiese recibido, te abrazo y me uno del todo a Ti.

Señor, no permitas que jamás me aparte de Ti. Amén.

“Haced lo que Él os diga”

María no se queda para sí nuestra mirada: nos conduce siempre a Cristo. Que estas oraciones nos ayuden a vivir con más fe, esperanza y caridad.

Oración